ÚLTIMA HORA

VISITA AL "ROCÍO Y SUS MARISMAS"

 

                           A las cinco (17 h.) tenemos una excursión para ir a visitar la aldea del Rocío y donde se encuentra la imagen de la virgen de igual denominación y cuya romería goza de una fama enorme por lo multitudinaria de la misma. Suelen pasar del millón de “romeros” en cada celebración anual. A lo largo del año hay una notable continuidad, principalmente los fines de semana o días de fiesta.

            Como siempre la salida no ha sido puntual, se pierden diez minutos por los rezagados del grupo que nos alojamos en el hotel. Ya en marcha voy viendo campos con invernaderos y donde se cultiva con gran abundancia, el fresón, la fresa y la frambuesa. Igualmente observaré otros campos con plantaciones de cítricos (naranjos y limoneros); también alguno de olivar plantado de forma intensiva y para ser recolectado el fruto con grandes máquinas... y así nos acercamos a tan famosa aldea, donde las aguas de las marismas llegan hasta muy cerca del templo de la virgen, e igualmente cerca están pastando algunos ejemplares de “los caballos de las marismas”, amén de que en las aguas se ven algunas anátidas y otras aves propias de este parque natural; ahora pleno de aguas por lo abundantísimo de la lluvia este otoño e invierno y parte de la primavera.

            Quince minutos hemos tardado en llegar desde el hotel hasta aquí. La guía nos ha venido relatando la historia o leyenda de ésta virgen, que como todas o casi todas, se aparecieron o fueron encontradas en los lugares más inhóspitos, apartados u ocultos que imaginar se pueda[1]... “siempre me llamó la atención la similitud de muchas de estas apariciones” y el misterio que las rodea. Sobre ello ya he escrito en otros relatos tras ver “otras vírgenes” y por tanto no me repito.

            Bajamos del autocar a unos doscientos metros del santuario y todos van a ver a la virgen. Yo como ya he estado aquí varias veces no me atrae ello y como me encuentro cansado, pienso dedicar el tiempo de estancia en descansar y hacer “algo que me apetece en este momento”. Por ello pregunto y me encamino a un único estanco que aquí hay; allí compro dos cigarros puros y una caja de cerillas y efectuado ello, busco un lugar donde poder tranquilamente fumarme uno.

            Examino “el panorama” y me dirijo a una muy rústica terraza cubierta que veo en una esquina frente a la marisma y al templo. Se trata del bar “La Algaida”[2]; un bar o café bar, edificado con rústicas maderas, con más rústicas sillas y mesas (la silla en que me siento ha de pesar más de veinte kilos) y todo el mobiliario es así, puesto que hasta unas luces que hay en esta terraza o porche grande, las han colocado en cuernos o astas de toros, posiblemente criados en estas marismas. En fin, algo original y en donde me voy a instalar, si no cómodamente si bastante conforme; puesto que desde aquí veo la marisma y el templo como ya he dicho... y también la estatua del tamborilero que hay en el paseo que bordea esta parte de la marisma, personaje importante e imprescindible en esta romería y que cada cofradía lleva como “pregonero” de la misma, con sus

redobles y toques de pito, puesto que con una mano toca el tambor y con la otra maneja un peculiar pito, cuyos sones alegran la marcha de estos esforzados peregrinos, en los intervalos donde éstos cantan las mil canciones (rocieras) que le dedican a “su virgen o blanca paloma”.

            Entro en el interior del bar y me atiende una joven, que me dice que sí, que me sirve el té con leche pero en la barra, donde tengo que pagarlo... que a la mesa, me lo tengo que llevar yo. Bueno (le digo) así lo hago  y de  paso me llevo un vaso de agua fresca, por si me da sed. Sentado ya, observo que el Sol ya va bajando hacia su estancia nocturna camino de Occidente... me tomo tranquilamente el té, tomo unos sorbos de agua y enciendo el puro, que me va a saber a gloria en esta soledad de la que disfruto (después vendrá mi esposa y tomará otro café con leche)... todos los compañeros de viaje, han ido a la visita obligada y algunos a encender una vela a la virgen para pedirle o agradecerle algo; cosa comprensible en los creyentes en milagros divinos. Yo la verdad, ni creo ni dejo de creer... “pero como no necesito nada, ya llevo tiempo que no pido y si lo hago lo realizo en mis oraciones en la cama y que suelo hacer con frecuencia”... ya sólo pido fuerza para seguir en pie y una muerte rápida cuando ésta tenga que llegar, no quiero estar mucho en la cama (padeciendo) en su espera.

            El cigarro me durará más de una hora y mis pensamientos y meditaciones darían para muchos dichos o escritos, pero me limito a sonreír y tomar algunas pinceladas para este relato mientras espero la hora del regreso. Tendré tiempo hasta para desmigar unos trozos de pan que traigo en los bolsillos, puesto que aquí también hay gorriones, que... “me quedarán muy agradecidos por estas sobras de pan de la comida del medio día”.

            Sigo disfrutando del descanso, mientras observo el deambular de cierta cantidad de visitantes (no muchos) que por aquí pululan. Una agradable brisa me viene desde el Atlántico y es un obsequio maravillosamente vivificador que me hace respirar profundamente, con lo que mi cuerpo se oxigena estupendamente... las volutas de humo blanco se las lleva la brisa, el suave sol ya en su declive me acaricia de cintura para abajo. Y así llega la hora de marchar de nuevo hacia “nuestro aposento de hoy”.

            A las 19,05 estamos subiendo al autobús y veinticinco minutos después estamos ya en la puerta del hotel. Treinta minutos de descanso puesto que a las 20 h. viene a recogernos “un trenecito”, para hacer un recorrido por este pueblo y cuyas peripecias merecen ser contadas.

            Primero que en el mismo y sus tres “unidades” no cabemos los 56 pasajeros y guía, por tanto “alguno se queda en tierra”, cosa que de haber sabido lo que sería “éste viaje”, yo me hubiera quedado con mucho gusto y creo que muchos otros de esta peculiar expedición. Y ello es comprensible puesto que desde que se inicia el itinerario por “estos caminos y veredas en cuesta siempre”, este artefacto que no tiene amortiguadores, nos irá martirizando por los continuos saltos que vamos dando y la incomodidad de unos asientos que son bancos de madera y donde nos apretujamos cuatro personas en un espacio que debiera ser para tres. En resumidas cuentas, un infierno que va a durar nada menos que 55 minutos, en los que no se ha detenido ni un segundo, mientras el conductor nos va dando la monserga con los atractivos (según él) de esta zona, de la que por decir algo contundente, ya huyeron los extranjeros, en especial los alemanes que al principio venían en cantidad, pero que visto cuanto hoy relato, dijeron adiós y nunca más volvieron; esto ha quedado para todo aquel que aquí compró (principalmente sevillanos) y para los que como nosotros, nos han traído aquí por equivocación y donde nunca más volveremos. Hemos terminado molidos.

            Subimos de inmediato a la habitación a refrescarnos y reponernos de tan brutal paseo “en tren” y a las 21,30 bajaremos al comedor a cenar; cena que ni merece ser comentada puesto que es similar o aún peor que la comida del medio día; salvo los postres, lo demás es comida “cuartelera”. Tras tan “memorable” cena y después de una ligera sobremesa en la que comentamos con otros del grupo, lo deplorable de este viaje, subimos a descansar y dormir. Curiosamente y aunque llevo dieciocho horas en pie, no me siento cansado, cosa que ni yo me explico puesto que debiera estar agotado... “quizá sean las fuerzas de las contrariedades sufridas las que me han insuflado nuevas energías”, puesto que es mi forma de ser... “yo me levanto pronto de las caídas”. Por todo ello y para que “venga el sueño”, me pongo a leer tranquilamente, mientras mi esposa... “cae muerta de cansancio y pronto la oigo incluso roncar”; feliz mortal, sus inquietudes van muy lejanas a las que a mí me sostienen y me hacen vivir, por tanto considero es mucho más feliz que  yo mismo... somos caracteres totalmente opuestos.

 

NOTAS:

[1] “La Virgen del Rocío es una pequeña talla, de la que solo está tallada la cara, las manos y el niño Dios, que se venera en la ermita de El Rocío. Entrado el siglo XV, un hombre que había salido a cazar, hallándose en el término de la Villa de Almonte, en el sitio llamado de La Rocina (cuyas incultas malezas le hacían impracticables a humanas plantas y sólo accesible a las aves y silvestres fieras), advirtió en la vehemencia del ladrido de los perros, que se ocultaba en aquella selva alguna cosa que les movía a aquellas expresiones de su natural instinto. Penetró aunque a costa de no pocos trabajos, y, en medio de las espinas, halló la imagen. Hoy la historia sitúa los orígenes del Rocío dos siglos antes y todo indica que fue el monarca Alfonso X el Sabio quien pudiera haber erigido aquella primera ermita, tras su conquista de Niebla en 1262, mandando colocar allí la bella imagen de la Virgen”.  (Parte de la leyenda o historia oficial de estos hechos).

2 Como el nombre me intriga, luego ya en casa, averiguaré que el nombre de “Algaida”, tiene dos significados en nuestro idioma: “terreno arenoso a la orilla del mar” y “cubierto de ramas o paja”; entonces me explico la rusticidad de este establecimiento y su apropiada denominación.

 

Antonio García Fuentes

Escritor y filósofo

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