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LA AGONÍA DE UNA PARTE DE NUESTRA HISTORIA



Durante el año 2020, y lo que llevamos de 2021, estamos asistiendo a la agonía, por no decir la desaparición, de una gran parte de nuestra historia y que afecta en gran parte a las de Tenerife, Fuerteventura y, muy en particular, la isla de Gran Canaria.



No hablamos de otra cosa sino del cultivo del tomate, con más de 140 años de historia. En islas como Gran Canaria, quien más quien menos, todo el mundo tiene un familiar o conocido que ha estado o está ligado a dicho cultivo, directa o indirectamente, y vemos con mucho pesar y muy en particular, por el que suscribe, que estamos asistiendo a los últimos coletazos de una parte de nuestra historia.



No se podría entender el desarrollo de mucho pueblos de Canarias sin este cultivo que en el siglo XIX fue implantado de forma organizada y con sistemas de producción y exportación de mano de los ingleses, y que ahora por una decisión de los ingleses, como es irse de la Unión Europea, se asesta una puñalada mortal al cultivo del tomate, Será imposible competir con el tomate marroquí, de peor calidad, sin ningún control fitosanitario ni trazabilidad, pero lo más grave, con una explotación de mano de obra, donde el salario medio de un peón agrícola en marruecos es de entre 180 y 215 euros al mes.



Por otro lado, la Unión Europea desde hace 15 años ha dejado a su suerte al sector tomatero, ha llegado a un tratado de comercialización con Marruecos de importación de tomate marroquí sin evaluar las cuestiones anteriormente mencionadas, pactando una cantidad de toneladas brutas al año y entran 5 o 6 veces más. Todo lo acontecido se produce con la mayor impunidad cuando Reino Unido, la Unión Europea y la sociedad de estos países miran para otro lado.



Esta agonía que vive el sector durante años alcanza tintes dramáticos y puede ser el comienzo de un estallido social por las connotaciones siguientes:

* Se pueden perder más de 20.000 empleos directos y más de 8.000 indirectos.

* Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los trabajadores de este sector han trabajado toda su vida en el mismo, y su media de edad oscila entre 45 o 55 años, su reconversión a otro sector laboral es complicada.

* Se producirá un daño irreparable y de consecuencias incalculables a la economía sostenible de mucho pueblos de Canarias que viven y trabajan en torno al sector, como La Aldea de San Nicolás.

Tendrá un impacto negativo en la industria y el empleo ligado al cartón, el plástico, el transporte terrestre y marítimo, etc.

* El drama que supondrá para miles de familias que viven en torno a este sector y se produce el cierre masivo de empresas, ya que la inmensa mayoría no tendrían derechos a cobrar prestaciones por desempleo. El 90% son trabajadores fijos discontinuos y como ustedes sabrán el trabajador con este tiempo de contratos, trabajan entre 7 y 9 meses que es lo que dura la zafra y el resto del tiempo tienen que vivir con el subsidio por desempleo, por lo tanto 430 E al mes.



En definitiva, estamos asistiendo a una situación dramática que los políticos quieren tapar con la palabra ¨ayudas¨ y lo que está pidiendo el sector y los trabajadores en particular, no es limosna o vivir de lo público. Lo único que piden es auxilio, esperanza y futuro. Todo ello empieza por hacer cumplir lo que dice la PAC y las normas comunitarias, y es que no se podrá importar productos agrícolas ni subvencionarlos si compiten con los productos propios de cada país, y sólo hay que darse una vuelta por los supermercados para ver productos de marruecos compitiendo de forma desleal y sin ningún tipo de seguridad agroalimentaria. Sirva como ejemplo lo vivido estos días con el sector del plátano, que ve con impotencia cómo se trae banana sudamericana para competir con el plátano de las regiones ultra periféricas, entre ellas Canarias, con absoluta impunidad.



Por todo lo expuesto, considero que estamos ante una de las mayores crisis laborales económicas, sociales y uno de los mayores atentados contra parte de nuestra historia de los últimos 140 años, y se lo dice alguien que ha luchado y sigue luchando para que esta forma de vida continúe sin más cierres de empresas, sin pérdidas de empleo y sobre todo luchando contra la decepción de una clase política que quiere apostar por la importación en lugar de por nuestra agricultura propia. Es muy triste que de las frutas y hortalizas que se consumen en Canarias, tan sólo el 8,9% se produce en nuestra tierra. Este dato por si sólo explica la indignación e impotencia de miles de trabajadores del sector que asisten a esta crónica de una muerte anunciada.



Antonio Rodríguez
Secretario General de SITCA
Sindicato Independiente de Trabajadores de Canarias

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