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El mundo de los Sugar daddies

Canarias Noticias - 12/07/2021

Pongámonos en situación… un hombre mayor, de más de 60 años, busca, y obtiene, una ‘cita’. Una cita con una chica joven. El hombre está divorciado, y sus dos hijos son mayores que la chica de la cita. A sus, por ejemplo, 20 años, la “modelo” sostiene una relación que ya dura varios meses con aquel hombre, al que ella describe como “solitario y apartado”. Él fue, en el inicio, su sugar daddy, un término que se refiere a hombres de entre 45 y 65 años que ofrecen a mujeres de 18 a 25 una compensación económica a cambio de su compañía, una relación estable o un encuentro sexual. A ellas se las conoce como sugar babies.

Glambu

En internet existen sitios web que ofrecen el espacio para que se concreten este tipo de relaciones. Puede encontrar este tipo de relaciones en Glambu PlaystoreGlambu Appstore.

“Cada relación exitosa es un arreglo entre dos partes. En los negocios, los socios firman acuerdos comerciales que describen sus objetivos y expectativas. Del mismo modo, las relaciones románticas sólo pueden funcionar si dos personas están de acuerdo en lo que esperan y lo que pueden dar y recibir el uno del otro”, es así de simple y sencillo.

El usuario abre un perfil, sube fotos y escribe sobre sus intereses, ocupaciones y gustos. La diferencia es que en estas páginas, normalmente, se especifican el nivel socioeconómico del que paga y la pretensión monetaria de la joven. Ambas partes deben llegar a un acuerdo para comenzar la relación. Una relación en sus términos.

Estos sitios cuentan con presencia en numerosos países y millones de miembros activos, de los que algunos millones son sugar babies. Si bien se trata, en su gran mayoría, de mujeres jóvenes, también hay hombres que optan por esta alternativa. Así es como algunas chicas conocen los sitios para encontrar un Sugar daddy

Sirva como ejemplo el comentario de una chica que encontró a un hombre que buscaba este tipo de relación: “Comenzamos a hablar a diario. Era un hombre que no estaba tan interesado en lo sexual, sino en tener una relación y a alguien con quien conversar. Sin embargo, obviamente, quería que le mandara fotos y videos”, dice. Nunca tuvieron un encuentro físico, pero el hombre le consignaba, en promedio, entre 200 y 300 euros semanales, dinero que ella gastaba en ropa, viajes y fiestas. Su principal requerimiento: ‘Que estuviera pendiente de él’. “Siempre tenía que estar ahí para hablar porque ellos son personas solas, y esa es su manera de actuar”, comentó.

Meses después conoció a otro hombre, de 55 años, y con quien sostuvo varios encuentros. “Me llevaba a cenar, le gustaba hacerme comida en su casa o comprarme cosas. Cada vez que nos veíamos me remuneraba mi tiempo aunque no pasara nada”, cuenta.

Pero… ¿esto es prostitución?

El nacimiento de este tipo de sitios ha abierto interrogantes sobre cómo analizar las interacciones que se desarrollan. Para muchos se trata nada menos que de una forma de prostitución, mientras que otros consideran que es una nueva interacción en los entornos digitales, en donde no deberían existir juicios morales.

Es una forma de encuentro que interroga criterios morales, pero que termina siendo un acuerdo ético, en el sentido de que las condiciones de la relación están por delante.

La diferencia es que estas plataformas digitales han facilitado, como nunca antes, que el intercambio sea explícito. “El asunto es que no teníamos una tecnología para que el acuerdo fuera tan explícito y sistematizado. Es una forma de encuentro que interroga bastantes criterios morales, pero que termina siendo un acuerdo ético, en el sentido de que las condiciones de la relación están por delante del encuentro. Lo que hacen estas plataformas es que permiten, de un vistazo, saber en qué tipo de relación se entra y bajo qué condiciones”, afirma un experto.

En la tecnología buscamos todo lo que necesitamos, muchas personas lo que buscan es suplir sus temas individuales en términos de tristeza y soledad, obtener compañía, afecto o visibilidad social. Por eso quienes usan esas plataformas tienen esa característica de ser solteros, viudos o separados y quieren retomar esas emociones.

La joven que hemos puesto como ejemplo dejó de utilizar estas plataformas después de comenzar una relación estable con otra persona. Nunca experimentó miedo ni tampoco se sintió en peligro. “Tal vez en un momento me preocupaba que alguien que conociera me encontrara allí, pero luego no me importó”, comentó. Aunque dice que no repetiría la experiencia, reiteró que se deberían perder los estigmas respecto a estas plataformas. “Si es algo en lo que se benefician las dos partes, no debería dejar de hacerse”, sentenció.

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